¿el único fruto del amor?

Es la banana. Sí.

O al menos eso dicen. O bueno, al menos, así empezó todo, con una banana en una maceta.
Una banana que fue hecha a imagen y semejanza de la de su creador.

banana-sola

La gente habla de frutas prohibidas, de manzanas pecaminosas, de tentaciones…Por favor, ¿una manzana? ¡Venga ya! Todos sabemos que la única tentación que tuvo Eva en el paraíso fue una banana. ¡Pero qué digo paraíso! … Evita encontró su primera banana en una maceta de su huerta.

Como ocurre siempre con la versión de los hechos, de lo que Eva le dijo a Adán a lo que ha llegado a nuestros días no podemos fiarnos ni de los signos de puntuación.

Por aquel entonces os podéis imaginar lo felices que andaban estos dos mozos paseándose a sus anchas por toda la redondez de la Tierra; sin tener que hacer colas en los aeropuertos, ni en los supermercados ni en la peluquería ni en el banco ni en … simplemente no había nadie más. Pero, para variar, Eva se aburrió pronto de tanto mundo y tanta leche, no sabía muy bien qué le pasaba exactamente pero le faltaba algo, un no se qué que llevarse a no se dónde. Digamos que ya no era tan feliz como antes. Por supuesto, Adán no se enteraba de la misa la mitad y seguía tan feliz cazando y jugando a las canicas.

Un día mientras Eva estaba absorta regando las hojas de parra de su jardín del Edén, descubrió un objeto extraño que se escondía entre la maleza. Era alargado, firme, suave y … amarillo.

Para su sorpresa el objeto no había nacido del suelo sino que se había caído del árbol que daba sombra a la maceta. A estas alturas ya os habréis dado cuenta de que Eva acababa de presenciar el nacimiento del primer plátano de la historia. Asombrada quedó con aquél objeto curvílineo que le sirvió de entretenimiento cuando tan aburrida estaba ya del mundo.
Al cabo de unas horas Adán volvió de cazar, y Eva llegó corriendo a su encuentro. Al ver a Eva tan excitada (en el sentido de emocionada, alterada, ilusionada…por aquel entonces no existía otra acepción del término “excitada“) Adán no podía creerlo, aquel fruto extraño le era tan familiar que tardó cero coma (0,…) en emocionarse como un niño (aunque aun no existían los niños todavía) y descubrirle a Eva que él… tenía uno igual!

Nueve meses después, Adán y Eva dejaron de estar solos en el mundo, y también dejaron de dormir por las noches, de ir al cine, de salir de fiesta y de aburrirse. A cambio, fruto de su amor por los plátanos (y frutodetuimaginación) estás hoy leyendo esto. Qué cosas tiene la vida, a partir de ahora os lo pensaréis dos veces antes de comeros un plátano cuando estéis aburridos, por lo que pueda pasar.
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Epílogo: Milenios después Dios nos confesó que fue Él mismo quien puso el plátano en la maceta ya que, visto lo es-pa-bi-la-di-tos que eran Adán y Eva, a estas alturas seguiríamos todavía jugando a las canicas con taparrabos (y digo yo…¿pero qué prisas tenía este tal Dios?).

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